Persona
Teresa Maria Cristina von Neapel-Sizilien
Buscar una conexión con otra personaNacimiento
14.03.1822
Muerte
28.12.1889

Detalles de la imagen
Portuguese: Dona Tereza Cristina Portrait of Teresa Cristina of the Two Sicilies title QS:P1476,pt:"Dona Tereza Cristina " label QS:Lpt,"Dona Tereza Cristina " label QS:Len,"Portrait of Teresa Cristina of the Two Sicilies" label QS:Lpt-br,"Dona Tereza Cristina"
Victor Meirelles
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Biografia
Teresa Cristina de Borbón-Dos Sicilias nació el 14 de marzo de 1822 en Nápoles, hija del rey Francisco I de las Dos Sicilias y de su segunda esposa, María Isabel de España. Por parte de padre pertenecía a la rama napolitana de la casa de Borbón, mientras que por parte de madre estaba emparentada con los Borbones de España y Parma. Entre sus hermanos se encontraban el rey Fernando II de las Dos Sicilias, la gran duquesa María Antonieta de Toscana y la futura regente de España, María Cristina. Teresa Cristina perdió a su padre a los ocho años. Su madre mantuvo una relación distante con ella y en 1839 se casó con un joven oficial. La princesa creció, por tanto, en buena medida sola, dentro de un ambiente conservador. Desarrolló un carácter reservado, dulce y poco seguro de sí mismo, y generalmente soportaba las circunstancias difíciles sin quejarse.
Teresa Cristina no era considerada especialmente bella. Era pequeña y corpulenta, tenía los ojos marrones y el cabello oscuro; su manera de caminar, poco habitual, fue descrita en ocasiones como una cojera. Al mismo tiempo, poseía una voz agradable, cantaba con regularidad y se interesaba por la ópera, la danza, el arte y la arqueología. Sentía una fascinación especial por la Antigüedad grecorromana y por las excavaciones de Pompeya y Herculano.
A comienzos de la década de 1840 se buscaba una esposa para el joven emperador Pedro II de Brasil. El diplomático napolitano Vincenzo Ramirez propuso a Teresa Cristina. Sin embargo, el Gobierno brasileño envió al emperador un retrato idealizado que mostraba a una joven especialmente hermosa. Pedro II aceptó entusiasmado la unión, sin saber que la imagen no representaba fielmente a su futura esposa. Como ambos estaban estrechamente emparentados, primero fue necesario obtener una dispensa papal. El 30 de mayo de 1843 se celebró en Nápoles el matrimonio por poderes; el 4 de septiembre, la unión fue confirmada solemnemente en persona en Río de Janeiro.
El primer encuentro de la pareja fue desastroso. Pedro II, que entonces tenía diecisiete o dieciocho años, se sintió decepcionado por el aspecto real de Teresa Cristina y apenas ocultó su rechazo. La joven emperatriz se retiró herida y lloró, pero decidió afrontar su situación con paciencia. Quería ganarse, mediante su conducta, la confianza de su esposo y el afecto de sus nuevos súbditos. En efecto, la población brasileña la aceptó rápidamente, mientras que Pedro II se mantuvo frío al principio. Solo después de que Teresa Cristina llegara incluso a considerar la posibilidad de regresar a Italia, él aceptó iniciar una relación conyugal.
El matrimonio estuvo marcado durante mucho tiempo por las tensiones. Aun así, Teresa Cristina cumplió sus deberes con dedicación. Entre 1845 y 1848 tuvo cuatro hijos: el príncipe imperial Alfonso, la futura regente Isabel, la princesa Leopoldina y el príncipe Pedro Alfonso. La muerte de sus dos hijos varones ensombreció su vida familiar. Alfonso murió en 1847, con apenas dos años y medio, a causa de unas convulsiones, y Pedro Alfonso falleció en 1850. Tras esas pérdidas, solo quedaron las dos hijas como posibles sucesoras, lo que provocó gran preocupación debido a la importancia política de la sucesión. La pareja no tuvo más hijos.
Teresa Cristina no desempeñó un papel político destacado y aceptó progresivamente la posición limitada que su esposo le concedía en la corte. Se dedicó a su familia, a la religión, a la correspondencia, a las labores de costura y a numerosas obras de caridad. Por su modestia, piedad y discreción, los brasileños la llamaron afectuosamente «la madre de los brasileños». Al parecer, ejerció cierta influencia en la promoción de la inmigración italiana, pues deseaba mejorar la educación y la sanidad en su nueva patria.
Su verdadera pasión eran las artes y la arqueología. Poco después de llegar a Brasil comenzó a reunir una colección de antigüedades grecorromanas. Su hermano, el rey Fernando II, le envió numerosos hallazgos y, a cambio, ella le hizo llegar objetos de arte indígena brasileño. Además, organizó excavaciones en tierras de su propiedad cerca de Veyes, en las proximidades de Roma. En su tiempo libre elaboraba mosaicos y con ellos decoró fuentes, bancos y muros del jardín del palacio de São Cristóvão.
La relación con Pedro II se convirtió en una unión basada en el cumplimiento del deber, el respeto mutuo y una amistad creciente, aunque nunca llegó a estar marcada por un gran amor romántico. El emperador mantuvo varias relaciones extramatrimoniales. Teresa Cristina sufrió especialmente por su cercanía con Luísa Margarida de Barros Portugal, condesa de Barral, nombrada en 1856 institutriz de las hijas imperiales. La condesa, culta, elegante y segura de sí misma, poseía muchas de las cualidades que Pedro II admiraba y despertó los celos de la emperatriz. Cuando las princesas alcanzaron la mayoría de edad, la condesa abandonó Brasil en 1865, aunque su relación epistolar con el emperador continuó.
Teresa Cristina sufrió nuevos golpes. Su hija Leopoldina murió de tifus en Austria en 1871 y dejó cuatro hijos varones. Pedro II y Teresa Cristina viajaron a Europa para ocuparse de la familia y de la educación de sus nietos. En 1872 llevaron a dos de ellos a Río de Janeiro para que recibieran allí una educación brasileña. La emperatriz también acompañó a su esposo en viajes por América del Norte, Europa y Oriente Próximo, aunque prefería su vida tranquila en Brasil. Sus visitas a su antigua patria resultaban dolorosas, pues el Reino de las Dos Sicilias había sido incorporado a la Italia unificada y muchas de las personas que había conocido en su juventud ya no vivían.
El 15 de noviembre de 1889, un golpe militar republicano derrocó la monarquía brasileña. Pedro II tuvo que exiliarse en Europa con su familia. Para Teresa Cristina, que amaba Brasil como su verdadera patria, la deposición supuso un duro quebranto físico y emocional. Ya padecía desde hacía años problemas respiratorios y artritis. La familia llegó a Lisboa el 7 de diciembre, pero allí fue recibida con hostilidad debido a las ceremonias de coronación del rey Carlos I y se trasladó a Oporto. El 24 de diciembre, la pareja imperial recibió la noticia de que se le prohibía definitivamente regresar a Brasil.
Pocos días después, el 28 de diciembre de 1889, Teresa Cristina murió en Oporto de un paro cardíaco provocado por sus problemas respiratorios. Sus últimas palabras estuvieron dedicadas a su hija, a sus nietos y a Brasil. Primero fue enterrada en el monasterio portugués de São Vicente de Fora. En 1921, sus restos fueron trasladados a Brasil junto con los de Pedro II. Desde 1939, ambos reposan en una capilla junto a la catedral de Petrópolis.
Su muerte provocó un profundo duelo en Brasil. Incluso muchos republicanos elogiaron su sencillez, su labor caritativa y su alejamiento de la política. Pedro II solo reconoció plenamente después de su muerte cuánto apreciaba su cuidado, bondad y abnegación, y más tarde la llamó «mi santa». Su legado cultural perdura especialmente en las colecciones y obras artísticas que impulsó. Los extensos fondos imperiales fueron denominados después de su muerte «Colección Teresa Cristina María» y posteriormente se distribuyeron entre varias instituciones brasileñas. Varias ciudades brasileñas, una línea ferroviaria, exposiciones y obras de la cultura popular mantienen vivo el recuerdo de la última emperatriz de Brasil.
Fuente: Thérèse-Christine de Bourbon-Siciles (fr, 236483662). Los hechos fueron seleccionados, resumidos y reformulados de forma independiente. Contenido fuente de Wikipedia: CC BY-SA 4.0