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Portrait of Philip III of Spain (1578-1621)
Andrés López Polanco
Kunsthistorisches Museum Wien, Bilddatenbank .
Fuente de la imagen: File:Felipe III de España.jpg · Licencia: Public domain
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Biografia
Felipe III de España, llamado Felipe II en Portugal, nació el 14 de abril de 1578 en Madrid, hijo de Felipe II de España y de su cuarta esposa, Ana de Austria. Pertenecía a la Casa de Habsburgo, cuyos miembros estaban estrechamente relacionados por numerosos matrimonios entre parientes: su padre y su madre eran tío y sobrina, además de primos. Felipe heredó en 1598 un vasto territorio. Como rey de España y Portugal gobernó hasta su muerte en 1621. También fue rey de Nápoles y Sicilia, duque de Milán y señor de las Diecisiete Provincias.
Su educación estuvo orientada a evitar que compartiera el destino de su hermanastro mayor, don Carlos, cuyos conflictos políticos, inestabilidad mental y desobediencia Felipe II atribuía en parte a una formación deficiente. Felipe estudió latín, francés, portugués y astronomía. Sus maestros insistieron especialmente en la moderación, la disciplina personal, la piedad y el trato respetuoso. Los contemporáneos lo describieron como amable, serio y vivaz, aunque físicamente más bien débil. A pesar de dominar varias lenguas y de actuar con cautela ante las intrigas cortesanas, historiadores posteriores pusieron en duda sus capacidades intelectuales y políticas.
Cuando era adolescente conoció al marqués de Denia, el futuro duque de Lerma. Entre ambos nació una estrecha amistad. Felipe II consideró inicialmente que Lerma ejercía una influencia inadecuada y lo envió en 1595 como virrey a Valencia. Sin embargo, Lerma regresó pronto a la corte. Cuando Felipe II murió en 1598, su hijo subió al trono. Apenas unas horas después de iniciar su reinado, Felipe III nombró a Lerma consejero real. El duque se convirtió en su principal favorito y pronto en el llamado valido, un representante del rey con amplios poderes políticos.
En 1599 Felipe se casó con su prima Margarita de Austria, hermana del futuro emperador Fernando II. El matrimonio fue considerado estrecho y afectuoso, especialmente después del nacimiento de un hijo en 1605. La reina era muy piadosa y políticamente hábil. Junto con la abuela y la tía de Felipe, la emperatriz María, y con la hija de esta, Margarita de la Cruz, formó un influyente grupo católico y proaustriaco en la corte. Entre otras cosas, estas mujeres convencieron a Felipe de apoyar económicamente a Fernando. Margarita mantuvo además un conflicto constante con Lerma, cuyo poder sobre su esposo criticaba. Murió en 1611.
Felipe se apartó cada vez más del contacto directo con sus súbditos y de los asuntos de gobierno. El acceso a su persona quedó muy restringido y pasó a estar casi por completo controlado por Lerma. Los asuntos de Estado debían llegar al rey por escrito a través de su valido; en 1612, Felipe ordenó a los consejos reales que obedecieran a Lerma como si fuera el propio rey. Este modelo otorgó a la monarquía una distancia simbólica y convirtió al valido en el principal mediador de la autoridad real. Los contemporáneos atribuyeron a Lerma casi todas las decisiones importantes. Sin embargo, interpretaciones más recientes ofrecen una imagen más matizada y consideran que su influencia efectiva sobre la gestión cotidiana pudo ser menor de lo que su reputación sugiere.
El gobierno de Lerma se volvió pronto impopular. Sus parientes, servidores y aliados políticos ocuparon numerosos cargos, mientras que su enriquecimiento personal, sus gastos y sus deudas provocaban indignación. A partir de 1612 su posición comenzó a desmoronarse. Su hijo, Cristóbal de Sandoval, duque de Uceda, se alió con Baltasar de Zúñiga contra él. Felipe siguió apoyando a Lerma y en marzo de 1618 respaldó su nombramiento como cardenal, pero en octubre del mismo año le retiró el poder y anunció que gobernaría personalmente. Uceda se convirtió inicialmente en la principal voz de la corte, mientras que Zúñiga pasó a encargarse de la política exterior y militar. Felipe también actuó simbólicamente contra Rodrigo Calderón, antiguo secretario de Lerma. Calderón fue torturado y ejecutado por el asesinato de un soldado; antes también se le había acusado de provocar mediante brujería la muerte de la reina Margarita.
En el ámbito interno, una de las decisiones más importantes de Felipe III fue la expulsión de los moriscos. En 1609 promulgó un decreto por el que los descendientes de musulmanes convertidos al cristianismo debían abandonar España. Entre 1609 y 1614 fueron expulsadas aproximadamente entre 275.000 y más de 300.000 personas. Aunque la medida se justificó en términos religiosos, también respondía a intereses económicos, ya que la Corona y sus allegados podían apoderarse de los bienes y las tierras confiscadas. Valencia, Aragón y Murcia sufrieron especialmente la pérdida de trabajadores, propietarios y producción agrícola.
El reinado de Felipe estuvo marcado por graves problemas económicos. Las malas cosechas, las hambrunas y una epidemia de peste iniciada después de 1599, que habría matado a más del diez por ciento de la población, debilitaron la economía. La Corona estaba muy endeudada y continuaba dependiendo en gran medida de los impuestos castellanos y de los banqueros genoveses. Los intentos de remediar la situación mediante la emisión de nuevas monedas de cobre y la conversión de créditos a corto plazo en obligaciones a largo plazo provocaron inestabilidad y redujeron aún más el margen financiero del gobierno. Durante la mayor parte de su reinado no se emprendieron reformas importantes.
En política exterior, Felipe comenzó con una estrategia agresiva contra las provincias neerlandesas rebeldes y contra la Inglaterra protestante. Después de la crisis financiera de 1607 tuvo que moderar sus objetivos. La Tregua de los Doce Años con los Países Bajos, firmada en 1609, inauguró un periodo de paz relativa que algunos historiadores denominan Pax Hispanica. España pudo recuperarse temporalmente, mientras que la República neerlandesa fue reconocida de facto como independiente. Al mismo tiempo, representantes españoles en Italia y los Países Bajos actuaron con frecuencia por iniciativa propia. El general Ambrosio Spinola obtuvo importantes victorias militares sin consultar ampliamente a Madrid.
Tras la caída de Lerma, Felipe se orientó más decididamente hacia los intereses de los Habsburgo en el Sacro Imperio Romano Germánico. Apoyó a su primo Fernando de Bohemia en su aspiración al trono imperial. Cuando en 1618 estalló en Bohemia el conflicto entre católicos y protestantes, España envió tropas. Spinola en el Palatinado y Johann Tserclaes de Tilly en Bohemia lograron en 1620 una victoria decisiva en la batalla de la Montaña Blanca. España entró así en la fase inicial de la guerra que sería conocida como la guerra de los Treinta Años, y al mismo tiempo se hizo probable una nueva guerra con los neerlandeses.
En los territorios de ultramar, Felipe intentó asegurar la posición hispano-portuguesa frente a los competidores neerlandeses e ingleses. En Chile apoyó inicialmente la continuación de la esclavización de los indígenas capturados, pero más tarde respaldó, a propuesta del jesuita Luis de Valdivia, la llamada guerra defensiva contra los mapuches. En Filipinas, las tropas españolas conquistaron Ternate en 1606, aunque no lograron eliminar de manera permanente la influencia neerlandesa. También fracasaron los planes para establecer nuevas rutas comerciales entre Sevilla y Manila y para estrechar la cooperación con Persia, debido a la falta de experiencia, la piratería, la resistencia portuguesa y los conflictos con las élites locales.
¿1919? No: en 1619 Felipe viajó a Portugal, donde al principio fue recibido con entusiasmo. Sin embargo, los elevados costes de la visita y el trato severo del duque de Uceda hacia los nobles portugueses aumentaron el descontento. Después de regresar, Felipe enfermó gravemente en Covarrubias. Permaneció postrado durante 53 días y murió el 31 de marzo de 1621 en Madrid, a los 42 años, a causa de una embolia pulmonar provocada por la inmovilidad prolongada. Su hijo Felipe IV le sucedió en el trono y pronto eliminó los últimos restos del régimen de los Sandoval.
La valoración histórica de Felipe III fue durante mucho tiempo muy negativa. Muchos historiadores lo consideraron un soberano débil e insignificante, que prefería la caza y los viajes al gobierno y que dependía demasiado de Lerma. Otros estudios han destacado que en 1621 España poseía nuevos territorios, mantenía la paz con Francia, tenía una posición fuerte en el Imperio y se encontraba ante una campaña inicialmente exitosa contra los Países Bajos. Por ello, su reinado puede verse a la vez como una etapa de delegación política, debilidad económica, paz temporal y decisiones decisivas para el posterior declive del poder de los Habsburgo españoles.
Fuente: Philip III of Spain (en, 1367730366). Los hechos fueron seleccionados, resumidos y reformulados de forma independiente. Contenido fuente de Wikipedia: CC BY-SA 4.0