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Retrato del príncipe don Carlos de Austria
Alonso Sánchez Coello
Kunsthistorisches Museum Wien, Bilddatenbank .
Fuente de la imagen: File:Alonso Sánchez Coello 005.jpg · Licencia: Public domain
Redimensionada para su presentación.
Biografia
Don Carlos, cuyo nombre completo era Carlos de Habsburgo, nació el 8 de julio de 1545 en Valladolid. Fue el primogénito de Felipe II de España y de su primera esposa, María Manuela de Portugal, por lo que era considerado heredero de la corona española y de sus posesiones ultramarinas. Su madre murió de una hemorragia cerebral apenas cuatro días después de su nacimiento. El origen familiar de Carlos estuvo marcado por la política matrimonial de los Habsburgo, destinada a preservar la unidad de la dinastía y sus territorios, pero que favorecía los matrimonios entre parientes cercanos. Felipe y María Manuela eran primos hermanos; por ello, Carlos tenía una ascendencia excepcionalmente reducida que, según el artículo, contribuyó en gran medida a sus graves problemas de salud.
Desde su nacimiento, su estado físico llamó la atención. Una pierna era más corta que la otra, tenía un hombro más elevado y padecía una lordosis pronunciada que dificultaba sus movimientos. Cojeó durante toda su vida y presentaba un aspecto corporal desproporcionado. También sufría frecuentes accesos de fiebre, tenía una apariencia pálida y enfermiza y encontraba dificultades para hablar. Un embajador veneciano lo describió como delgado, de espalda encorvada, pecho hundido y voz alternativamente débil o aguda. Más tarde, un grave accidente empeoró aún más su estado físico y mental.
Como Felipe II estaba muy ocupado con las guerras y los asuntos políticos, y la madre de Carlos había muerto poco después del parto, el joven príncipe quedó inicialmente al cuidado de sus tías, María de Austria y Juana de Habsburgo. Carlos mantuvo un vínculo especialmente estrecho con Juana. Cuando ella tuvo que abandonarlo a los seis años para casarse y marcharse a Portugal, la separación afectó profundamente a ambos. Después, el príncipe fue educado por el humanista y sacerdote valenciano Honorato Juan Tristull. Entre maestro y alumno nació una estrecha amistad que perduró hasta la muerte de Tristull, en 1566. Las cartas de la infancia de Carlos muestran un carácter inquieto, apasionado e irritable. Se interesaba sobre todo por las guerras y las armas, aunque también sufría períodos de melancolía.
Ya desde niño, Carlos se mostraba desafiante y arrogante ante su abuelo, Carlos V, y ante otros miembros de la corte. Los testimonios contemporáneos lo describían como rebelde y violento, y relataban actos crueles contra animales. El artículo deja abierta la cuestión de si todas esas historias eran ciertas; en cualquier caso, contribuyeron desde temprano a su reputación de príncipe imprevisible. Tras la muerte de Carlos V, en 1558, la salud mental de Carlos pareció deteriorarse aún más. Su educador expresó a Felipe II su desesperación al comprobar que el joven príncipe no evolucionaba favorablemente, pese a las esperanzas depositadas en él durante sus primeros años.
En 1561, los médicos declararon que Carlos padecía tisis. Felipe lo envió entonces a Alcalá de Henares, donde se esperaba que el aire más saludable y un palacio espacioso fortalecieran su salud. Allí recuperó inicialmente parte de su vigor físico y mental y se relacionó, entre otros, con su tío Juan de Austria y con Alejandro Farnesio. Sin embargo, el 19 de abril de 1562 sufrió una caída por una escalera oscura cuando intentaba visitar a la hija del portero. El accidente le provocó una grave fractura craneal. Después padeció fiebre alta, alucinaciones y una infección severa. Numerosos médicos y cirujanos lo trataron y, más tarde, incluso se le aplicaron dos ungüentos supuestamente curativos preparados por un sanador moro. En varias ciudades se organizaron procesiones para pedir su recuperación. Carlos sobrevivió, pero nunca volvió a restablecerse por completo. Las fiebres recurrentes y los estados delirantes lo acompañaron hasta su muerte.
Sus proyectos matrimoniales también provocaron tensiones. Carlos prefería a Isabel de Valois, que finalmente se casó con su padre, Felipe. Más tarde, María Estuardo fue considerada una posible esposa; se decía que ella sentía un afecto especial por Carlos, pero Felipe impidió la unión. Otra candidata fue Juana, antigua tía y tutora de Carlos. Él rechazó firmemente ese matrimonio. Cuando las Cortes españolas volvieron a intervenir en sus asuntos privados en diciembre de 1567, reprendió duramente a los diputados. Después, Juana se retiró a un convento.
La relación entre Carlos y su padre estuvo cada vez más marcada por la desconfianza y la hostilidad abierta. Carlos amenazó repetidamente con violencia a sirvientes y figuras influyentes de la corte. En una ocasión atacó con una daga al cardenal Espinosa, importante ministro de Felipe. En otra, golpeó a un noble que lo había reprendido por escuchar a escondidas junto a una puerta. También fracasó el intento de un obispo de reconciliar al padre y al hijo por el bien del reino.
Cuando en 1566 comenzó en los Países Bajos una rebelión contra el dominio español, Carlos quiso acompañar a su padre a la guerra, pero Felipe se lo prohibió. Algunas teorías, antiguas o posteriores, sostenían que Carlos simpatizaba con los rebeldes neerlandeses y que había planeado huir a los Países Bajos para proclamarse rey. Sin embargo, el artículo subraya que los historiadores rechazan mayoritariamente esas conjeturas. Lo que sí está documentado es que la ira de Carlos aumentó. Intentó abandonar la corte, buscó dinero y barcos para organizar su huida y terminó enfrentándose también con su tío Juan de Austria.
A comienzos de 1568, Felipe II ordenó arrestar a su hijo. Carlos se había atrincherado en sus aposentos, donde había preparado armas, munición y un ingenioso mecanismo para controlar la puerta. Felipe entró con varios ministros y ordenó confiscar las armas. Según informes de embajadores extranjeros, también se encontró una lista de personas a las que Carlos supuestamente quería matar, entre ellas su padre y la esposa de este. El príncipe fue recluido primero en sus habitaciones y después en una torre bajo estricta vigilancia. Tras varios intentos de suicidio, quedó completamente aislado; solo un sacerdote podía visitarlo.
Durante su cautiverio, Carlos intentó en algunos momentos dar la impresión de que había mejorado, dedicándose a leer y a estudiar la historia y las leyes de España. Felipe, sin embargo, declaró que el encarcelamiento sería permanente y que la decisión era irrevocable. El rey trató prácticamente a su hijo como si hubiera muerto, disolvió su casa y distribuyó sus caballos y pertenencias. La salud física de Carlos siguió deteriorándose. Se sometía deliberadamente a condiciones extremas, bebía grandes cantidades de agua helada y comía cantidades excesivas de fruta. Murió durante la noche del 24 de julio de 1568, mientras permanecía encarcelado en Madrid, a los 23 años.
Ya durante su encarcelamiento surgieron rumores sobre las verdaderas razones de la dureza de Felipe. Los adversarios del rey interpretaron los acontecimientos como un crimen oculto y convirtieron a Carlos en la imagen trágica y opuesta de un Felipe II presentado como cruel y despótico. Con el paso de los siglos, el príncipe se transformó en una figura romántica, símbolo de una víctima noble y valiente. Su historia inspiró, entre otras obras, la tragedia “Filippo”, de Vittorio Alfieri, “Don Carlos”, de Friedrich Schiller, y la ópera “Don Carlo”, de Giuseppe Verdi. La afirmación difundida por esas obras de que Felipe hizo matar a Carlos por haber cometido adulterio con su madrastra, Isabel de Valois, carece, según el artículo, de fundamento histórico.
Fuente: Don Carlos (principe) (it, 151110889). Los hechos fueron seleccionados, resumidos y reformulados de forma independiente. Contenido fuente de Wikipedia: CC BY-SA 4.0
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