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Carlos II de España
Juan Carreño de Miranda
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Biografia
Carlos II de España nació el 6 de noviembre de 1661 en el Alcázar Real de Madrid y murió allí el 1 de noviembre de 1700. Fue el último Habsburgo español y gobernó sobre España y su imperio ultramarino, Sicilia y Cerdeña, el ducado de Milán, los Países Bajos españoles, el Franco Condado y otros territorios. En Nápoles llevaba el nombre de Carlos V. Su reinado sin descendencia puso fin a una larga etapa de decadencia política y económica de España y desembocó, tras su muerte, en la guerra de Sucesión española.
Carlos fue el único hijo varón superviviente de Felipe IV y de su segunda esposa, Mariana de Austria, que era también su sobrina. Su nacimiento fue recibido con gran alegría a pesar de su débil salud, ya que varios posibles herederos varones habían muerto poco antes. Desde niño mostró una gran fragilidad física y mental. No habló hasta los cuatro años y no aprendió a caminar hasta los ocho. Durante mucho tiempo sus tutores lo trataron como a un niño pequeño y le evitaron casi cualquier esfuerzo físico o intelectual. Más tarde sufrió intensos dolores de cabeza, ataques epilépticos y frecuentes enfermedades. Estos padecimientos alimentaron la creencia popular de que estaba hechizado, por lo que recibió el sobrenombre de «el Hechizado».
Las explicaciones médicas más recientes atribuyen su mala salud sobre todo al alto grado de consanguinidad de los matrimonios habsburgueses. Debido a esa política matrimonial, Carlos tenía una carga genética excepcionalmente elevada. Entre sus posibles consecuencias se mencionan el síndrome de Klinefelter, la esterilidad, el raquitismo y una marcada deformación de la mandíbula, que le dificultaba hablar y masticar. También se han considerado otros diagnósticos, como la acromegalia o un trastorno metabólico renal. Su aspecto fue descrito de formas muy distintas por sus contemporáneos y por historiadores posteriores. Mientras algunos lo presentaban como bajo, cojo, epiléptico y prematuramente envejecido, otros afirmaban que era un cazador hábil y que, pese a sus depresiones, participaba activamente en los asuntos de Estado. Los diplomáticos extranjeros lo describieron como mentalmente lúcido, amable y generoso, aunque también tímido, religioso y cada vez más reflexivo y angustiado.
Cuando Felipe IV murió el 17 de septiembre de 1665, Carlos tenía solo cuatro años. Su padre lo designó heredero universal y confió la regencia a su viuda, Mariana de Austria. La reina fue asistida por un consejo, mientras que el hermanastro de Carlos, Juan José de Austria, un general victorioso, reclamaba también una posición importante en la corte. Mariana nombró inquisidor general y valido oficioso a su confesor austríaco, el jesuita Juan Everardo Nithard. Este heredó una situación muy difícil: España había quedado debilitada por la guerra contra Francia y continuaba luchando en la guerra de Restauración contra Portugal.
Las tropas españolas estaban mal equipadas y no pudieron contener los ataques portugueses. Mediante el Tratado de Lisboa, España reconoció en 1668 la independencia de Portugal y de sus posesiones, entre ellas Brasil y varios enclaves comerciales en Asia, a cambio de conservar Ceuta. Ese mismo año, Luis XIV inició la guerra de Devolución contra España. Solo con la ayuda de Inglaterra, Suecia y las Provincias Unidas, Madrid logró evitar pérdidas territoriales mayores. Los fracasos militares y el aumento de los impuestos hicieron que Nithard se volviera impopular entre la nobleza y la población. En 1669, Juan José de Austria marchó sobre Madrid y obligó a la reina a destituirlo.
Su sucesor como valido, Fernando de Valenzuela, tampoco pudo resolver los problemas económicos y políticos. Aumentó los impuestos directos, redujo el ejército y contribuyó a que España entrara en la guerra de Holanda en 1672. Las fuerzas españolas, debilitadas, perdieron importantes fortalezas y tampoco lograron sofocar la revuelta de Mesina. Francia intervino entonces en Sicilia. La Paz de Nimega de 1678 confirmó, entre otras pérdidas, la del Franco Condado y la de varias fortalezas flamencas. Carlos respondió a la rebelión de Mesina con medidas especialmente severas y declaró la ciudad «muerta civilmente».
Aunque Carlos alcanzó legalmente la mayoría de edad en 1675, su madre y Juan José de Austria continuaron disputándose la influencia sobre el joven rey. En 1677, Juan José regresó a Madrid con apoyo militar, ocupó El Escorial y convenció a Carlos para destituir a Valenzuela y enviarlo al exilio en Filipinas. Mariana fue confinada en Toledo, mientras Juan José se convertía en el nuevo valido. Tras la muerte de este en 1679, la reina madre pudo regresar a la corte. Debido a sus limitaciones de salud, Carlos siguió delegando gran parte del gobierno en distintos validos: el duque de Medinaceli, el conde de Oropesa y, finalmente, el arzobispo de Toledo, Luis Manuel Fernández de Portocarrero.
Durante su reinado se agravaron los problemas económicos de España. Las guerras, una administración débil y muy descentralizada, un sistema fiscal desigual y la enorme influencia de la nobleza y el clero pesaban sobre el país. La expulsión de los moriscos había debilitado además la agricultura, la artesanía y la producción de seda. Aun así, Carlos y sus ministros intentaron impulsar algunas reformas. En 1680 se unificó una amplia recopilación de las leyes aplicables a las colonias españolas. También se ordenaron las finanzas, se limitaron los gastos innecesarios de la corte, se redujeron cargos y pensiones y se reformó el sistema monetario. Estas medidas provocaron inicialmente graves consecuencias, pero a largo plazo estabilizaron los precios y contribuyeron a una cierta recuperación de la agricultura, el comercio y la industria. Sin embargo, no se llevó a cabo una reforma profunda de la administración ni una centralización efectiva del poder.
En 1679 Carlos se casó con María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV. El matrimonio fue estrecho y afectuoso, pero no tuvo hijos. María Luisa murió en 1689 tras una caída de caballo, y Carlos quedó profundamente afectado. En 1690 contrajo matrimonio con Mariana de Neoburgo, pero su carácter autoritario e irascible pronto la alejó de él. Esta unión tampoco produjo un heredero. La corte quedó dividida entre un partido austríaco y otro favorable a los Borbones. Varias potencias europeas intentaron regular la sucesión española mediante tratados de reparto. Carlos decidió inicialmente nombrar heredero a su sobrino nieto bávaro José Fernando Leopoldo, pero este murió de viruela en 1699.
En los últimos años de su vida, la salud de Carlos empeoró dramáticamente. Bajo la influencia de algunos cortesanos, incluso se intentó determinar mediante exorcismos si estaba hechizado. El escándalo profundizó la división de la corte. En 1699 estalló en Madrid el motín de los Gatos, tras el cual Carlos hizo varias concesiones y destituyó al conde de Oropesa. En el otoño de 1700 estaba casi ciego y sufría fiebre, hidropesía, debilidad y ataques epilépticos cada vez más intensos. Murió el 1 de noviembre a las 2:49 de la madrugada a causa de un ataque de apoplejía.
En su testamento, publicado el 2 de noviembre, Carlos nombró heredero universal a su sobrino nieto Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV. Exigió al mismo tiempo que Felipe y sus descendientes renunciaran a cualquier derecho sobre la corona francesa, con el fin de impedir la unión de ambas coronas. Sin embargo, Luis XIV no respetó las expectativas políticas asociadas a esa solución. Austria se opuso a la sucesión borbónica y de ese conflicto nació la guerra de Sucesión española. La Paz de Utrecht y el Tratado de Rastatt reconocieron finalmente a Felipe V como rey de España, pero obligaron al país a ceder sus posesiones italianas y los Países Bajos españoles a Austria, así como Gibraltar y Menorca a Inglaterra. España perdió así definitivamente su posición como gran potencia europea.
Fuente: Carlo II di Spagna (it, 150719772). Los hechos fueron seleccionados, resumidos y reformulados de forma independiente. Contenido fuente de Wikipedia: CC BY-SA 4.0
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