Persona

Isabella von Bourbon-Parma

Buscar una conexión con otra persona

Nacimiento

  1. 31.12.1741

  2. 31.12.1742

Muerte

  1. 27.11.1763

Retrato de Isabella von Bourbon-Parma
Detalles de la imagen

Baldrighi - Isabella of Parma - Biblioteca Palatina, Parma

Giuseppe Baldrighi

http://www.pastellists.com/Articles/Baldrighi.pdf

Fuente de la imagen: File:Baldrighi - Isabella of Parma - Biblioteca Palatina, Parma.png · Licencia: Public domain

Redimensionada para su presentación.

Biografia

Isabella de Borbón-Parma nació el 31 de diciembre de 1741 como primera hija del infante Felipe de España y de Luisa Isabel de Francia, en el palacio del Buen Retiro de Madrid. Pertenecía a la casa de Borbón-Parma, era nieta de Luis XV de Francia y, por tanto, prima de los futuros reyes franceses Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X. Su nacimiento fue difícil y duró dos días. Poco después, su padre marchó a la guerra y no volvió a ver a su familia hasta que Isabella cumplió ocho años. Sin embargo, mantuvo con ella un intenso intercambio de cartas. Durante sus primeros siete años, Isabella vivió en la corte madrileña de sus abuelos. Su abuela, la reina Isabel, la cuidaba con cariño e informaba regularmente a su hijo sobre su desarrollo. Su madre, en cambio, era considerada estricta y fría. Isabella fue educada por una gobernanta, con quien estableció un vínculo muy estrecho, lo que acrecentó los celos de su madre. De niña, vivaz y de carácter independiente, le encantaban los caballos, las cuerdas, las mariposas y las acrobacias, pero debido a que su energía se consideraba inapropiada, tuvo que aprender a entretenerse en silencio. Por ello, su infancia ha sido descrita como solitaria y austera. En 1749, Isabella pasó varios meses en Versalles. En la corte francesa, donde recibió una atención especial como nieta del rey, conoció un ambiente más libre y alegre. Asistió al teatro, la ópera, los bailes y los conciertos, e incluso actuó en una obra. Al principio parecía tímida, pero después disfrutó del reconocimiento de sus parientes franceses. El viaje la marcó profundamente: el francés se convirtió finalmente en su idioma principal y mantuvo correspondencia con su familia francesa hasta el final de su vida. Después del Tratado de Aquisgrán, en 1749, su padre se convirtió en duque de Parma. Isabella se trasladó con sus padres a aquel ducado empobrecido, cuyos palacios estaban parcialmente en ruinas. Al principio consideró Parma atrasada y pronto quiso marcharse. En 1751 nacieron sus dos hermanos, Fernando y Luisa. Su madre, sin embargo, mostró a Isabella menos afecto que a los hijos menores. Luisa Isabel se dedicó sobre todo a buscar matrimonios ventajosos y murió de viruela en Francia en 1759. La pérdida afectó profundamente a Isabella y reforzó su convicción de que ella también moriría joven. Isabella recibió clases de historia, literatura y francés, practicó la música y las artes plásticas y estudió religión. Cantaba, tocaba el violín y el clavicémbalo, dibujaba y pintaba. En Parma entró además en contacto con las ideas de la Ilustración. Más tarde demostraría notables conocimientos de filosofía, política, teoría militar, historia y educación. Seguía atentamente los acontecimientos políticos y las operaciones militares de su tiempo y aprendió varios idiomas, entre ellos alemán, español, italiano y algo de latín. Su matrimonio con el archiduque José, hijo mayor de María Teresa y futuro emperador José II, formaba parte de la política de alianzas entre los Habsburgo y los Borbones. El compromiso se acordó en 1759. Tras la muerte de su madre, Isabella se preparó cuidadosamente para su nueva posición y estudió también la situación política de la monarquía de los Habsburgo. A finales de 1760 viajó a Viena. La boda se celebró el 6 de octubre en la iglesia de los Agustinos y, pese al costoso desarrollo de la guerra de los Siete Años, fue festejada con gran magnificencia. José se enamoró de su esposa, pero Isabella no correspondió plenamente a sus sentimientos. Cumplió concienzudamente sus deberes como esposa y en la corte vienesa fue apreciada por su belleza, cultura, amabilidad y dignidad. Al mismo tiempo, llevaba una vida interior diferente: ocultaba sus ideas independientes e ilustradas y se mostraba obediente ante José y María Teresa. El matrimonio la abrumaba, porque no podía corresponder al amor de José y consideraba pecaminosos sus propios sentimientos hacia otra mujer. En Viena, su relación más estrecha fue con su cuñada, la archiduquesa María Cristina. Las dos tenían casi la misma edad y compartían talento intelectual y artístico; pronto se volvieron inseparables. Se escribían numerosas cartas todos los días, se reunían en secreto y utilizaban apelativos afectuosos, en ocasiones claramente apasionados. Los biógrafos posteriores han interpretado de distintas maneras la correspondencia conservada, pero muchos consideran que refleja una relación romántica y posiblemente sexual. Ambas vivían sus sentimientos como una culpa y una transgresión del orden religioso y social. Isabella sufría especialmente por ello, pues también se sentía culpable de no amar a José. Su salud quedó gravemente afectada. En 1761 quedó embarazada y el 20 de marzo de 1762 dio a luz a una hija, María Teresa. Después sufrió dos abortos espontáneos en pocos meses. Los embarazos, las molestias físicas y el miedo a la muerte agravaron su depresión. Sus contemporáneos la describían como melancólica; padecía largos periodos de inmovilidad absoluta y expresó pensamientos suicidas. Aun así, continuó trabajando intelectualmente y escribió numerosos ensayos sobre religión, política, sociedad, las mujeres, la educación y la condición de las princesas. En sus escritos, Isabella criticó el castigo corporal y la educación autoritaria de los niños. Estaba convencida de que los niños poseían de manera natural buena voluntad y que la violencia solo los volvía temerosos, deshonestos y resentidos. En un tratado sobre los hombres sostuvo que las mujeres eran intelectualmente iguales a ellos o incluso superiores. También describió a las princesas como víctimas políticas de los matrimonios dinásticos, obligadas a abandonar a su familia y su patria para casarse con un hombre desconocido y entrar en una familia extranjera. Sus obras apenas se publicaron en vida; sus reflexiones cristianas aparecieron en 1764, después de su muerte. En noviembre de 1763, Isabella enfermó de viruela en Viena. Aunque estaba aproximadamente en el sexto mes de embarazo, su estado empeoró rápidamente. El 22 de noviembre dio a luz a una niña que, por deseo suyo, recibió el nombre de María Cristina, pero murió ese mismo día. Isabella murió el 27 de noviembre de 1763, a los 21 años, un mes antes de cumplir 22. Debido al riesgo de contagio, fue enterrada sin autopsia en la cripta imperial; el ataúd de su hija fue colocado debajo del suyo. José quedó profundamente devastado por su muerte y nunca se recuperó por completo en el plano emocional. María Cristina también conservó el recuerdo de Isabella como su mejor y más verdadera amiga. Isabella dejó la imagen de una princesa muy culta, dotada para las artes y cumplidora de sus obligaciones, atrapada entre las expectativas dinásticas, la culpa religiosa, la pasión personal y graves padecimientos psicológicos. Sus escritos y cartas conservados la convierten además en una pensadora del siglo XVIII excepcionalmente crítica e independiente.

Fuente: Princess Isabella of Parma (en, 1369952969). Los hechos fueron seleccionados, resumidos y reformulados de forma independiente. Contenido fuente de Wikipedia: CC BY-SA 4.0