Persona

Gertrud von Hohenberg

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Nacimiento

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Muerte

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Biografia

Gertrudis de Hohenberg, también llamada Ana, nació entre 1225 y 1235 en Deilingen y murió el 16 de febrero de 1281, tras una breve enfermedad, en Viena. Pertenecía a la casa suaba de Hohenberg, una rama de los Hohenzollern, y era la hija primogénita del conde Burcardo V de Hohenberg y de Matilde de Tubinga. Entre sus hermanos se encontraban, entre otros, los condes Alberto II, conocido como trovador, Burcardo VI y Hugo de Hohenberg, además de Ulrico y Matilde. Hacia 1243 o 1245, Gertrudis se casó con el conde Rodolfo de Habsburgo, unos veinte años mayor que ella e hijo de Alberto IV de Habsburgo y de Eduviges de Kyburg. Como dote, Rodolfo recibió los castillos de Oettingen, el valle de Weiler y otras posesiones en Alsacia. Gracias a ello se convirtió en un importante vasallo de Suabia. La pareja vivió inicialmente en Rheinfelden, localidad que hoy forma parte de Suiza, y Gertrudis pasó a ostentar el título de condesa de Habsburgo. El matrimonio duró alrededor de veinte años y fue considerado feliz. Tuvieron once hijos: seis hijas y cinco hijos. Cuando Rodolfo fue elegido en 1273 rey del Sacro Imperio Romano Germánico, Gertrudis se convirtió en reina de Alemania. Su primo Federico III, burgrave de Núremberg, apoyó la elección de Rodolfo y, como recompensa, fue elevado a príncipe elector. El 24 de octubre de 1273, Rodolfo y Gertrudis fueron coronados en la catedral de Aquisgrán. Gertrudis fue así la primera reina del reino coronada en ese lugar. Desde entonces prefirió utilizar el nombre de Ana. Ana se mantuvo en gran medida al margen de la política, aunque vivió de cerca las dificultades del gobierno de Rodolfo. Él tuvo que asegurar su posición frente a su rival, Otacar II de Bohemia, y al mismo tiempo intentó, sin éxito, obtener la dignidad imperial del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1275, Ana estuvo presente cuando Rodolfo negoció con el papa sobre su coronación imperial. Al año siguiente fue testigo de un incidente en Zúrich, donde la población insultó gravemente a un representante de su esposo y le propinó una bofetada. La reina sentía un gran interés por la orden dominicana. Quería conocer las condiciones de vida de los frailes y, en Colmar, llegó a insistir en inspeccionar las celdas de los monjes, que normalmente estaban cerradas a las personas ajenas a la orden. Finalmente, los religiosos cedieron ante la insistencia de la curiosa reina. Su determinación también se manifestaba en asuntos cotidianos: durante la campaña de Rodolfo en Bohemia, en el otoño de 1278, le pidió mil pieles. Rodolfo le respondió que no podía entregarle de inmediato tal cantidad, pero la remitió a Gozo de Krems, quien debía conseguir los suministros necesarios. Ana murió en 1281 en Viena. Según la tradición, la había afectado profundamente la pérdida de su hija Clemencia, y ese dolor fue considerado una posible causa de su muerte. En su testamento dispuso que fuera enterrada en Basilea, junto a su hijo menor, Carlos. Antes de su coronación, Rodolfo había mantenido un prolongado conflicto con los príncipes-obispos de Basilea. El deseo de Ana de ser sepultada allí le ofreció la oportunidad de reconciliarse con la ciudad y con la Iglesia. El entierro tuvo lugar el 20 de marzo de 1281, con una gran participación. El cadáver fue preparado cuidadosamente para el viaje, trasladado de Viena a Basilea y acompañado por una numerosa escolta. Más de mil clérigos siguieron el ataúd con velas encendidas. Ese mismo año, la familia perdió a otro de sus hijos. Hartmann murió en diciembre de 1281 durante un viaje por el Rin entre Breisach y Estrasburgo, a causa de una inundación repentina. Probablemente Rodolfo lo había previsto como sucesor, por lo que su muerte fue especialmente dolorosa para la casa gobernante. Hartmann también fue enterrado en Basilea. Las tumbas de Basilea fueron destruidas por un terremoto en 1356. Después, el sepulcro de Ana y Carlos fue trasladado a otro lugar de la catedral, mientras que los restos de Hartmann fueron depositados en la cripta junto a Carlos y la reina. En 1510, unos canónigos de Basilea retiraron de la cripta la corona, el collar y el anillo de la reina y los llevaron al tesoro catedralicio. Siglos más tarde, por deseo de la emperatriz austriaca María Teresa, los restos mortales fueron trasladados al monasterio de St. Blasien. Tras la disolución de este monasterio, pasaron primero a Spital am Pyhrn y finalmente a Sankt Paul im Lavanttal. Allí los ataúdes fueron renovados posteriormente y los restos volvieron a ser enterrados en 1918. Desde 1936, la tumba de la reina y de sus dos hijos se encuentra en la cripta bajo el altar mayor. En Basilea todavía se conserva un impresionante monumento funerario dedicado a Ana y a su hijo Carlos, considerado el único monumento funerario real de Suiza. Los hijos de Ana fueron casados en muchas ocasiones por motivos políticos. Su hija Matilde contrajo matrimonio con Luis II de Baviera. Alberto se convirtió en duque de Austria y Estiria y más tarde en rey de los romanos. Catalina debía reforzar mediante su matrimonio con Otón III de Baviera una alianza con Bohemia, pero murió antes de que su esposo se convirtiera en rey de Hungría. Inés, también llamada Gertrudis, se casó con Alberto II de Sajonia, y Eduviges con Otón VI de Brandeburgo-Salzwedel. Clemencia fue casada con Carlos Martel de Anjou. Hartmann estuvo primero prometido con una hija de Otacar II de Bohemia y después con Juana de Acre, pero murió antes de contraer matrimonio. Rodolfo II se convirtió en duque de Austria, mientras que Judit se casó con Venceslao II de Bohemia. Los dos hijos menores, Sansón y Carlos, murieron probablemente, o tras una breve vida, durante la infancia. En 1284, Rodolfo de Habsburgo contrajo un segundo matrimonio con Isabel de Borgoña, también llamada Inés.

Fuente: Gertrudes de Hohenberg (pt, 72020673). Los hechos fueron seleccionados, resumidos y reformulados de forma independiente. Contenido fuente de Wikipedia: CC BY-SA 4.0